Otra boda, otra comedia que, ya sólo con el título, no invita demasiado a su
visionado. ¿Qué puede tener una película donde todos van de blanco y ríen a
carcajadas que pueda gustarnos por encima de las obscuras y profundas
reflexiones de algunos de los estrenos más destacados de los últimos meses? ¿Calidad?
¿Brillantes interpretaciones? ¿Conmovedora y desgarradora dialogística? No. La respuesta
es mucho más corta y sencilla: diversión. La
gran boda consigue arrancar más de una sonrisa al espectador, cosa nada fácil,
y es por ello que se merece la calificación de notable entretenimiento de la
semana.
Don (Robert De Niro) y Ellie (Diane Keaton) tendrían que estar contentos.
Su hijo adoptivo, recién licenciado en la universidad de Harvard, se casa en
pocos días. El problema es que hace más de 10 años que no se ven, no des de que
Don engañó a Ellie con su mejor amiga Bebe (Susan Sarandon) y se fue a vivir
con ella. Por si fuera poco, su hijo (Ben Barnes) acaba de contarles que su
madre biológica, muy religiosa, asistirá a la boda y no sabe nada del divorcio,
y les ha pedido que hagan ver que aún están felizmente casados. Éste será el
primero de toda una serie de enredos que se irán sucediendo en la trama de La gran boda, simple, nada extraordinaria,
pero poseedora de un elemento clave: la risa.