El mundo del ajedrez es extraordinario. Memoria, estrategia, inteligencia,
calma, sorpresa... jaque. El thriller
psicológico comparte algunas de estas características: una estructura compleja
pero muy bien delimitada, una calma aparente, y esos giros o sorpresas
inteligentes hacia el final de la partida/film que siempre acaban en jaque
mate. Un buen thriller psicológico
juega bien con todos estos elementos y consigue mezclarlos de modo que
mantengan una tensión constante en el espectador. El montaje, el guión y las
interpretaciones son clave, y si falla cualquiera de ellas, el resultado acaba
siendo irregular. Es más o menos lo que le pasa a Fill de Caín (Hijo de Caín), el primer largometraje del director Jesús Monllaó.
Película correcta y entretenida, pero con escenas demasiado forzadas y tiesas que
perjudican al film entero.