Cine americano, con deportes y drama familiar. Un cóctel que
no suele dar buenos resultados ni recibe el beneplácito del público y la
crítica fuera de sus fronteras naturales: aquellas deseosas del éxito y del
triunfo. El año pasado el magnífico guión de Aaron Sorkin y Steve Zaillian, la
solvente dirección de Bennett Miller y la introspectiva interpretación de Brad
Pitt cerraron el pico de un servidor y del de tantos otros con la fantástica Moneyball. La contundencia no es tanta
con el resultado de Golpe de efecto,
pero lo cierto es que no cae en el estilo telefimero
que hacía presagiar ni en la indiferencia que se presuponía en su avance. Prejuicios
desmantelados.
