Saben aquél que dice: son dos amigos, un librero sin trabajo y un florista con muchas facturas por pagar. A ambos les vendría bien ganar un poco de dinero —uno para comprarse un nuevo sofá y el otro para saldar deudas—, así que el librero le dice al florista: “¿y si te convierto en gigoló? Yo sería tu chulo. ¡Podríamos ganarnos muy bien la vida!”, a lo que el librero, por supuesto, responde: “¿estás loco? ¡Pero si no soy guapo!”. Sin embargo, después de un poco de dialéctica verborreica por parte del alocado y neurótico librero, el florista acaba aceptando, y su primera cliente, una belleza de esas que perfectamente podría abrirse de piernas en medio de un interrogatorio —¿eso no salía en una película?—, queda absolutamente prendada de él y decide presentarle a su mejor amiga.
