Hacer una fotografía, vincularse emocionalmente con el horror de la guerra a través del objetivo de la cámara, publicarla, esperar y ver cómo occidente está más interesado en los nuevos zapatos de Paris Hilton. En una palabra: rabia. Al mismo tiempo, ser incapaz de negar a tu familia una cotidianidad basada en la seguridad y llena de actividades insustanciales y en parte estúpidas comparadas con lo que está pasando en la otra cara del mundo. Pasión por el trabajo, responsabilidad moral y supervivencia personal son solo algunos de los temas que presenta Mil veces buenas noches, el nuevo largometraje del noruego Erik Popper.
