Una película de suspense es
básicamente una historia de intriga que se caracteriza por tener ritmo rápido,
acción, héroes ingeniosos y villanos poderosos e influyentes. Posee un relato
que tiene mayor consistencia y argumentación que otros géneros cinematográficos
y su característica es que todos los elementos propios de un guión (personaje,
antagonista, meta, conflicto, ritmo, etc.) están al servicio de una intriga, es
decir al servicio de una acción que se ejecuta con astucia y ocultamente.
Como ésta, podríamos encontrar muchas más definiciones sobre el thriller, este género que parece que
nunca pierde el interés del público cinéfilo. Eso sí, todas ellas coincidirían
en esta compleja o, como mínimo, elaborada argumentación del guión, todo para
mantener al espectador enganchado en la butaca, hacer suya la intriga y sorprenderle
con algún que otro giro de la historia, inesperado pero perfectamente
milimetrado en los esquemas de autor y director. Tesis sobre un homicidio es una cinta entretenida, hace un uso correcto
del elemento “duda” y cuenta con un protagonista, Ricardo Darín, que está soberbio
en todo lo que hace. No obstante, el film de Hernán Goldfrid falla en el ritmo,
descuida demasiado el resto de protagonistas y acaba dando más importancia a la
estética de los planos que al desarrollo de la intriga.