No es tarea fácil contentar a una larga legión de fans. Ese es el reto que tiene Park Chan-wook desde hace años con cada nuevo trabajo y en esta ocasión más puesto que ha cruzado el Pacífico para debutar en Hollywood. El coreano no pierde un ápice de autoría -de la extravagancia a la sutilidad- y acierta en la puesta en escena de una historia muy manida, pero con fuerza gracias a unos personajes hipnotizantes.
