
2+2= 4. Las matemáticas no tienen interpretación posible. Así que, por muy
bonita que sea esta suma, por muy importante que sea como base del conocimiento
científico, la solución siempre será 4, nunca 5. Ahora bien, cuando nos ponemos
a hablar de artes, escritos, imágenes, películas, etc., un buen todo siempre vale
más que sus elementos por separado. A una película que suma perfección técnica
con sugestión, mensaje, emoción, interpretación y conexión con el espectador —siempre
al servicio de la historia y sus escenas—, la podemos llegar a considerar una
obra maestra. Por el contrario, si nos quedamos sólo con uno o dos elementos de
la lista, el resultado ya no es el mismo. Éste es quizás el principal problema
de Un amor entre dos mundos, cinta
romántica de ciencia ficción que se estrena esta semana y que, aun con una brillante
estética, queda desaprovechada en la parte argumental.