martes, 8 de abril de 2014

‘Crónicas diplomáticas (Quai d’Orsay)’, verborrea, tornados y rotuladores… muchos rotuladores



Definición de “sátira” según la Real Academia Española: discurso o dicho agudo, picante y mordaz, dirigido a este mismo fin. 

El director francés Bernard Tavernier se estrena esta semana en el territorio de la comedia pura. ¿El tema escogido? La política francesa. ¿El espacio? El Ministerio de Asuntos Exteriores, o el Quai d’Orsay, dicho de otro modo. ¿El estilo? La sátira, esa herramienta —o arma— cinematográfica que, en manos de personalidades como Ernst Lubitsch, Billy Wilder o Charles Chaplin ha hecho tanto daño y ha provocado tantas risas. Basada en el cómic de Christophe Blain y Abel Lanzac, Crónicas diplomáticas (Quai d’Orsay) quizás no sea tanto una crítica a la política francesa como una simple parodia y ridiculización de algunos de sus integrantes. Con todo, y a pesar de una duración exagerada que puede llegar a desengancharnos de la trama, la película cumple y se convierte en una desternillante cadena de carcajadas totalmente recomendable. 


La cuestión aquí es reírse de todo y de todos. Desde el gato Pol Pot hasta las canciones subiditas de tono, pasando por los múltiples usos de la anchoa y las mil y una adaptaciones de la famosa frase... (continuar leyendo)


Lo mejor: la palabrería de Thierry Lhermitte, el montaje rítmico y a modo de viñeta de algunos fragmentos, y el ataque de risa con la anchoa. 

Lo peor: su larga duración y la historia paralela de los inmigrantes deportados, mal planteada y, por tanto, fuera de sitio.

Nota: 8


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