
Vampiros, hombres lobo, magos, brujas, ángeles y demonios. Desde que en 2008 se estrenara la primera entrega de la saga Crepúsculo, hemos visto pasar por la pantalla grande más de una… y más de dos historias sucedáneas, todas adaptaciones de novelas fantásticas con el "amor verdadero" entre humanos y criaturas mágicas como centro argumental. Todas ellas, además, destinadas a un público muy concreto: el adolescente. Teniendo en cuenta que, al mismo tiempo, también hemos visto vampiros, hombres lobos y brujas por televisión, no sería extraño decir que la temática quizás empieza a cansar un poco.
Ésta es seguramente una de las razones por las que Cazadores de sombras: ciudad de huesos no está teniendo el éxito esperado. Un poco irónico, la verdad, porque en realidad ésta es la mejor de las sucesoras crepusculares, mejor incluso que la historia de Bella y Edward en muchos aspectos. ¿Por qué? Primero, por el no puritanismo de la propuesta y las relaciones de los protagonistas, incluyendo sus inclinaciones sexuales; y segundo, por el carácter más bien paródico de algunas de las secuencias y situaciones, siendo la historia del músico Johann Sebastian Bach la más clara y divertida de todas. Con todo, Cazadores de sombras: ciudad de huesos no es más que un refrito de influencias fantásticas cogidas de todos lados y mezcladas bajo una entretenida y convincente historia, un divertido cóctel de criaturas mágicas bien agitado que, aún con sus fallos de guión, consigue hacer pasar un buen rato al público a quien va dirigido.
